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Nuestro proceso de edición

Nuestro proyecto editorial se ha desarrollado a lo largo de varios meses, desde octubre hasta enero, fuimos parte de todas las etapas del proceso de edición de un libro, viendo cómo cada una de ellas influye en el conjunto del proyecto.

A mediados de octubre se nos asignó el grupo de trabajo y el libro que íbamos a editar. Lo primero que hicimos fue organizar y distribuir las tareas y plazos de entrega en un calendario realista —sobre el que al final acabamos haciendo mil cambios—. Con todo organizado, empezamos con la preedición editorial, que nos sirvió para anticipar las posibles dificultades del texto y comenzar a pensar en nuestro libro desde una perspectiva profesional: ya no éramos solo lectoras, éramos editoras.

Durante el mes de noviembre, el foco se centró en el trabajo con el texto. Llevamos a cabo el cotejo con las ediciones a las que teníamos acceso y la corrección del texto en papel. Esta tarea nos exigió atención constante y criterios claros. Al comparar distintas versiones, detectamos errores, variantes significativas y decisiones editoriales previas —con las que tuvimos más o menos discrepancias— que nos hicieron pensar en el tipo de edición que nosotras queríamos construir. Fue aquí cuando nos dimos cuenta de la responsabilidad real que implica intervenir en un texto ajeno.

Paralelamente, empezamos a trabajar en el enfoque editorial del proyecto. A mediados de noviembre desarrollamos el plan de marketing y comenzamos a pensar el diseño de la cubierta. En diciembre, sumamos a este trabajo la elaboración de un DAFO, el briefing editorial y una nueva fase de corrección. El día que hablamos sobre la cubierta con el diseñador, fue revelador: vimos que nuestra portada iba a convertirse en una herramienta de comunicación fundamental para situar al libro en el mercado, no se trataba simplemente de algo decorativo.

A mediados de diciembre nos centramos en los aspectos más técnicos y de producción, como la redacción del prólogo, la planilla y el montaje más “físico” del libro. Esta fase nos permitió entender cómo el texto se transforma progresivamente en un objeto editorial coherente, donde cada detalle cuenta… Ya lo veíamos como algo real.

A la vuelta de las vacaciones trabajamos sobre las primeras y segundas pruebas, redactamos los textos de cubierta y cerramos la propuesta de portada. Este proceso de revisión final fue esencial para revisar decisiones anteriores y comprobar que todo encajaba a la perfección. A finales de mes empezamos a ponernos con el marketing y las redes sociales: afinamos un plan para ir publicando contenido y comenzamos a desarrollar el propio blog del proyecto.

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Elena Martínez

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