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El entorno rural y el machismo en "María Nadie"

Si hay una frase que recorre las calles de cualquier pueblo pequeño, una que quizás no se dice, pero que se siente en cada esquina es: «Aquí nos conocemos todos». Pero ¿qué sucede cuando una mujer decide rehuir de esa consigna? ¿Qué ocurre cuando se niega a ser conocida y a someterse al escrutinio de los demás?

María Nadie, publicada en 1957 por Marta Brunet, es una novela que presenta a María, una mujer que llega al pequeño pueblo de Colloco con una maleta y un muro de silencio.


El pueblo como panóptico machista


En los entornos rurales descritos por Brunet, el machismo no siempre se manifiesta de forma violenta, a menudo aparece sutilmente, en forma de una vigilancia silenciosa y colectiva. La estructura del pueblo funciona como un panóptico en el que la mujer es el centro de la observación. En este sentido, las estructuras de control social sobre las mujeres no han desaparecido, solo han mutado; el «qué dirán» se convierte en la herramienta de disciplina en estos entornos.

Para los hombres del pueblo, María no es más que un objeto de deseo; para las mujeres, una amenaza o un misterio que debe desentrañarse. Y es que el pecado de María no es haber hecho algo malo, sino, precisamente, no haber hecho nada que los demás puedan etiquetar. Al no tener pasado, no tener marido y no buscar la aprobación ajena ni el contacto con la gente del pueblo, María se convierte en «Nadie». Y en un lugar en el que todo el mundo se conoce, una mujer que es nadie y que no pertenece a nadie es una anomalía que debe corregirse.


La soledad elegida como un acto de rebeldía


En un contexto en el que el destino de la mujer estaba marcado por el servicio, el matrimonio y la maternidad, el hecho de que María elija la soledad es un acto profundamente político, una forma de resistencia. Y es que «no quería ser de nadie. Quería ser nada más que ella misma».

Marta Brunet se une a una corriente de autoras que ponen de manifiesto un espacio rural que deja de ser un lugar idílico para revelarse como un lugar de presiones asfixiantes, especialmente para aquellas que se salen de la norma.



Blanca Vázquez y María Puerta

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